‘Crónica de una muerte anunciada’ por Pablo Sandoval (Concejal de Ayto. de Alicante)

Artículo de opinión de Pablo Sandoval Fernández (Concejal de Juventud Ayuntamiento de Alicante) sobre aquellos trágicos días de 1.997

Aún transcurridos ya 16 años, recuerdo como si hubieran sucedido esta semana aquellos trágicos días en los que el pueblo español se movilizó contra la barbarie terrorista en eso que acabó denominándose “el Espíritu de Ermua”.

 Yo era un joven de apenas diecinueve años, recién afiliado a Nuevas Generaciones del Partido Popular, y viví aquello muy de cerca pues era imposible no identificarse con otro joven de veintinueve años llamado Miguel Ángel Blanco Garrido al que unos días antes no conocía.

El día 10 de julio de 1997, Miguel Ángel, concejal del Partido Popular que pertenecía a las Nuevas Generaciones, era secuestrado por unos terroristas de ETA cuando se dirigía a su lugar de trabajo en la localidad de Éibar. Los terroristas conocían perfectamente su rutina diaria. Su secuestro trascendió cuando la banda criminal emitió un comunicado en el que exigían el acercamiento de los presos de la banda a cárceles del País Vasco a cambio de la liberación de Miguel Ángel. Era una condición imposible de acatar por parte de un gobierno democrático y responsable.

La ciudadanía entendía que el gobierno no podía someterse a una negociación impuesta por las amenazas de los terroristas y comenzó a movilizarse de forma espontánea por todas las ciudades españolas pidiendo la liberación de un joven que tenía toda la vida por delante. En mi caso personal, fui uno de los muchos jóvenes del Partido Popular que pasamos aquellos días durmiendo en colchonetas en nuestras respectivas sedes con la esperanza de que los criminales tuvieran compasión y no sesgaran cruelmente al vida de aquel hombre cuyo único delito había sido formarse y trabajar por su pueblo de forma altruista con verdadera pasión y valentía.

El pueblo español literalmente “se echó a la calle” con una respuesta espontánea que impresionó a todo el mundo civilizado. Jamás se había vivido algo parecido. Las plazas se llenaron de velas y manos blancas. El pueblo creía que su clamor conseguiría su liberación. Yo no podía contemplar otro escenario posible, pues estaba convencido que esa voz unánime en las calles era suficiente para hacer entrar en razón a los propios terroristas. Pero todo fue en vano. Con seres tan inhumanos, era una crónica de una muerte anunciada como escribiera el genial Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

Cuando llegaron las 16 horas de aquel 12 de julio se cumplió el plazo que había fijado ETA. Todos los afiliados y simpatizantes del PP nos encontrábamos en la sede del partido pegados al transistor o la televisión, al igual que el resto de ciudadanos, esperando que no llegara nunca la noticia que tanto temíamos. Pasaron unos minutos interminables y los medios de comunicación anunciaron que habían encontrado a Miguel Ángel herido de gravedad y que lo trasladaban al hospital con nulas posibilidades de supervivencia. Un desenlace cruel que hacía añicos súbitamente la esperanza que hasta aquel momento albergábamos, a la que no queríamos renunciar. Recuerdo perfectamente como todos, jóvenes y mayores, nos pusimos a llorar de impotencia pero sobretodo a llorar de rabia por la injusticia cometida.

La pérdida de Miguel Ángel nos dejó a todos un poco mas huérfanos, si bien a los jóvenes que nos dedicábamos a la política aquel asesinato nos transmitía la gran responsabilidad de continuar con su legado y de luchar por las libertades. Especialmente duro fue para la gran cantidad de cargos públicos en el País Vasco que tuvieron que vivir escoltados permanentemente para evitar su asesinato. Recuerdo a compañeros de Nuevas Generaciones con una edad muy parecida a la mía relatarme lo penoso que se hacía asumir la amenaza del terror cotidianamente y todas las innumerables cautelas para evitarlo.

En los días sucesivos el pueblo español se movilizó pidiendo paz, libertad y el fin de una banda criminal que tanto daño estaba causando en todo el territorio nacional.

Debemos mantener presente la memoria de Miguel Ángel Blanco Garrido y jamás olvidar a tantos otros demócratas que cayeron asesinados defendiendo nuestra libertad. Jamás debemos abandonar aquel “espíritu de Ermua” que tanto unió a los españoles de bien. 

Se publicará en el Diario Información de Alicante el próximo viernes 12. 

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