Cristina Cuesta dejó de apreciar diariamente la bahía de la Concha, en San Sebastián, cuando tuvo que irse a Madrid en el 2000. Maite Araluce también dejó de admirar el mar Cantábrico cada vez que iba a la escuela al tener que marchar de la ciudad guipuzcoana a la capital española en 1977. Sin embargo, ambas dejaron de estar día sí, día también en el “irrespirable” lugar donde el terrorismo abertzale asesinó a sus padres.
Cristina y Maite son dos de las múltiples personas que tuvieron que exiliarse y dejar de votar en el País Vasco debido a la violencia y amenazas que ejercieron grupos y organizaciones terroristas como los Comandos Autónomos Anticapitalistas o ETA. Una cifra de afectados indefinida, aunque el estudio Proyecto retorno -realizado por un equipo investigador del Instituto Vasco de Criminología en 2011- reflejó que podría variar entre 60.000 y 200.000. Ambas mujeres tuvieron que crear y adaptarse a una nueva identidad lejos del País Vasco, algo que ahora les impide ser electoras en dicha autonomía.
articulo14.es (28/09/2026)
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